Cómo valoran mi startup y cuánto vale

Cuánto vale mi startup

Es la era del emprendimiento. La crisis lo exige y las tecnologías digitales ayudan. Una startup surge de cero, al converger una idea prometedora con una oportunidad. Su aporte innovador y a crear empleo son valiosos. La startup que triunfa reconvierte la antigua industria, resuelve grandes problemas y obtiene importantes ganancias. Transforma las reglas del juego y acepta más riesgo, mientras que la gran empresa es reacia al cambio por temor a perder su dominio. Amazon asentó la venta online, no los distribuidores de la era preInternet. Pero llegar al éxito es un largo y arduo camino que culminan muy pocos.   

¿Cuánto vale mi startup?

En la fase inicial del garaje, el emprendedor se financia con sus ahorros y con ayuda de familiares y amigos. Luego, llega la financiación de instituciones, incubadoras, aceleradoras, sociedades de promoción, microcréditos, crowdfunding… La startup tiene una calidad crediticia baja y carece de activos para aportar en garantía, sobre todo si es una tecnológica basada en intangibles. Por eso no atrae a las entidades de crédito. Esto obliga a recurrir a inversores de capital riesgo, los llamados empresarios temporales porque ponen un plazo para desinvertir. Primero aparecen los business angels y detrás, el venture capital. 

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La idea del emprendedor precisa el dinero del inversor

El objetivo del inversor es entrar en una empresa joven y barata para venderla cuando tenga éxito. Para ello, tiene que valorar la startup para negociar su participación. El valor contable no es útil, pues ignora las expectativas, los intangibles y el riesgo de la startup. Ni lo es el de reposición, que estima la inversión para reproducir la capacidad actual de la startup, porque su valor nace más de lo intangible. La valoración es difícil porque la breve historia de la startup impide identificar los patrones de comportamiento de sus magnitudes para formular previsiones. Además, apenas tiene ventas y menos, beneficios, ni hay empresas comparables. Ello complica aplicar los métodos estrella de valoración: la actualización de sus flujos esperados de caja y los múltiplos de empresas comparables. Son para una fase posterior. 

La dificultad de valorar una startup lo prueba que la valoración de Google en 1999 fue de $750.000 (¡al inversor le pareció excesiva!). Otras valoraciones en la fase de capital semilla (la primera financiación externa de la startup) fueron Dropbox ($400.000) e Instagram ($2.500.000).

La aritmética de la valoración de la startup

Lo habitual es que una startup reciba varias rondas de financiación en vez de un importe una sola vez. Cada ronda va ligada a lograr un hito (p. ej., la disponibilidad de un prototipo) y una vez conseguido se abre la siguiente ronda. El emprendedor busca que el valor de la empresa vaya aumentando en escalera para subir el precio en cada ronda. Por eso debe pedir los fondos que precise para culminar una fase que justifique solicitar nueva financiación. Los inversores van entrando según se cumplen determinadas etapas y va cayendo el riesgo. En cada ronda se diferencia:

La valoración premoney estima el valor del patrimonio neto de la startup antes de realizar una ronda de financiación (2.000.000 €, p. ej.). Excluye la aportación del nuevo inversor (222.222 €, p. ej.). La valoración postmoney (2.222.222 €) suma esa aportación al valor premoney.  

Ambos valores se refieren al del patrimonio neto (la startup suele carecer de deuda) a la fecha de entrada del inversor. La participación del inversor estará en torno al cociente entre su aportación y el valor postmoney. Si a los cinco años el inversor vende su participación por 2.000.000 €, el ROI (return on investment) será 9 veces la inversión (2.000.000 / 222.222). Abreviadamente se dice 9x. 

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Los métodos de valoración de la profesión

Para hallar una base de partida de negociación se aplican métodos artesanos. Son atajos con poco rigor financiero pero basados en la práctica profesional. Se aplican a empresas tecnológicas en su primera fase, cuando aún casi no tienen ingresos pero que prevén alcanzar unos 20 millones de euros en cinco años.

La regla de los tercios es uno sencillo. Parte de que si hay tres actores (el promotor, el inversor y el gestor) se considera que participan a tercios en la primera ronda de financiación. El valor postmoney es el triple de la aportación del inversor.

La propuesta de Berkus parte de un valor base de hasta 500.000 euros según sea la idea de atractiva. Luego evalúa la capacidad de los siguientes cuatro factores para aumentar el valor de la idea: la disponibilidad del prototipo, el equipo promotor, las relaciones estratégicas y estar ya en ventas. Por cada factor se añaden hasta 500.000 euros según ayude a reducir el riesgo. El valor máximo es de 2.500.000 euros.

El método Scorecard propuesto por Bill Payne, como el anterior más propio de los business angels, es más elaborado. El valor base parte de unos 1.500.000 euros si no hay otra referencia de empresas similares. Luego se identifican los factores relevantes o inductores del valor y se da un peso a cada uno. A continuación, se compara la startup con empresas de referencia y se puntúa cada factor según sea más o menos favorable en la startup objetivo. Luego se multiplica cada peso por su nota para obtener la contribución de cada factor al valor. Para terminar, se suman las contribuciones individuales para hallar un índice que multiplicado por el valor base estima el valor premoney. 

El método de los factores de riesgo se basa en que el valor de una startup mejora al disminuir su riesgo. Parte de un valor premoney base de unos 1,5 millones de euros. Luego evalúa 12 factores de riesgo de la startup y de su sector y cómo afectan al crecimiento de la startup. Se asigna un multiplicador  a cada factor y se aplica cada uno a  500.000 euros para hallar el valor que añade o resta al valor base. se suman las contribuciones individuales para hallar un índice que multiplicado por el valor base da el valor premoney.

El enfoque del Venture Capital se aplica ya entrada la fase de ventas. El inversor  establece la fecha objetivo de salida (unos cinco años), se estima el beneficio  o el flujo de caja en esa fecha. Son más un objetivo que una previsión y se basan en el escenario de éxito del promotor. Se aplica un múltiplo y se actualiza el valor postmoney. El escenario de éxito es el objetivo para la fecha de salida. El inversor puede aceptar el escenario del emprendedor, aunque sea optimista, para comprometerlo a lograrlo y mantener el buen clima en la negociación. Para compensar, el inversor incrementa la tasa de actualización. 

El método de First Chicago, también llamado de los escenarios, mejora el anterior. La principal diferencia es que contempla varios escenarios a la fecha prevista de salida. A cada uno se le asigna una probabilidad. El valor postmoney es la media de los valores actualizados. La técnica de los escenarios es más recomendable en épocas de crisis, cuando es difícil prever su duración y gravedad. Esto sucedió con motivo de la pandemia Covid-19, cuando se desconocía cuánto tiempo se precisaría para atajarla. Las dificultades del método residen en las previsiones y en estimar la probabilidad de cada escenario.

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La importancia de lo cualitativo

Al margen de los métodos descritos, el inversor solo entrará si valora favorablemente los aspectos cualitativos de la startup, como la idea y el modelo del negocio y si considera capacitado al equipo promotor. A la postre, el inversor invierte tanto en la idea como en su promotor. 

El valor que se pacte se situará entre el mayor valor que justifica el emprendedor por el potencial de crecimiento y el menor que aduce el inversor por la modesta situación de partida. Éste no está forzado a invertir y tiene otras oportunidades. El emprendedor, salvo que tenga una joya, es más débil. Lo habitual es que el valor que se fije será el precio que el inversor esté dispuesto a pagar. Pero el emprendedor y el inversor, si van a trabajar juntos durante unos años deben evitar dejar cicatrices después de la negociación. Si hay acuerdo que sea a un valor razonable para ambos.

Dr. Juan Pérez-Carballo
Director del Máster en Dirección Financiera de Next Educación

Las finanzas, entre innovaciones y burbujas

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La transformación de las finanzas

Algunas leyes de las finanzas del siglo pasado se ven afectadas por tendencias y sucesos asociados a la nueva realidad. Son efectos surgidos por la intensidad de las ya numerosas crisis de este siglo, la gravedad del cambio climático y de la pandemia Covid-19 y la celebrada transformación digital. Algunos ejemplos son:

Una nueva directriz: las finanzas sostenibles

Frente al objetivo de crear valor para el accionista nace el capitalismo de los partícipes. Éste plantea que lo importante es crear riqueza y distribuirla justamente para no dejar a nadie atrás. Así lo defiende el manifiesto sobre el propósito de una corporación de 2019, apoyado por los dirigentes de Apple, Amazon, IBM, DuPont y Walt Disney entre otros muchos.

El Código unificado de buen gobierno de la CNMV (2006) recomendaba como objetivo último de la compañíala creación de valor para el accionista. La versión del 2020 omite ese objetivo. Ahora aboga por ser más generosos con el resto de los partícipes de la empresa, su comunidad y el medio ambiente. Un giro copernicano para la toma de decisiones, aunque aún quede mucho por poner en práctica. 

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La economía se desmaterializa y lo virtual se impone al ladrillo

Para apoyar la sostenibilidad del planeta −que lograr ahora el bienestar colectivo respete el futuro se persigue el secular objetivo de la productividad. Se trata de hacer más con menos. De reducir el consumo relativo de recursos. Para ello, se sustituyen productos por servicios, como el cloud computing, se cambia el papel por la lectura online, se comparte en vez de comprar y se fomenta el reciclaje de la economía circular. La empresa pasa del capex al opex y triunfan los activos intangibles sobre los materiales. 

La deslocalización y la paradoja de Jevons

Siempre es peligroso primar la productividad sobre el buen sentido. La nueva crisis de los abastecimientos surge en parte por la deslocalización para reducir costes, olvidando que primero es asegurar el suministro y luego su coste. La paradoja de Jevons, economista inglés del siglo XIX, advierte que la reducción del coste incrementa el consumo. Si se abarata se consume más. Aunque de momento el coste de la energía se ha disparado a pesar de las nuevas y más baratas tecnologías de generación. El precio de lo fotovoltaico, por ejemplo, ha caído más del 90% desde 1990.

Ahora se paga por prestar dinero

El tipo de interés negativo se produce no solo cuando lo es el tipo nominal, sino también cuando lo es el real (el nominal menos la inflación). En finanzas, es frecuente que el tipo real sea negativo y el ahorrador no mantenga el poder adquisitivo de su capital. Lo nunca visto es que el tipo nominal sea negativo. Que el prestamista pague y el prestatario cobre. Es lo que sucede en la Unión Europea y otros países desde 2016 como medida para superar las secuelas de las sucesivas crisis. Cerca han andado también los EE. UU. Hay otra referencia en Japón, con tipos nominales muy bajos, incluso negativos, para reactivar la economía tras su crisis de finales del siglo pasado. Sin embargo, esa política no ha evitado que en los últimos 20 años su PIB per cápita haya caído un 1·%. 

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Y también por vender petróleo

El precio a plazo del West Texas fue negativo en abril de 2020 con la demanda por los suelos por causa de la pandemia. Por vender un barril se pagó hasta casi 40 dólares. Su precio cayó de golpe no solo porque la oferta superase a la demanda, sino también porque se saturó la capacidad de almacenamiento. Quienes habían comprado petróleo a plazo con entrega física del producto carecían de espacio para almacenarlo. Por ello, pagaron para que otros se hicieran cargo. Costaba menos pagar por vender que pagar por almacenar. Fue algo fugaz, pero sucedió lo inaudito.

Las criptomonedas y su volatilidad y rentabilidad digitales

No podía faltar la moneda digital en la historia de las finanzas. El tipo de cambio de la divisa de un país se justifica por variables como su PIB, su crecimiento, la inflación esperada o el tipo de interés. Está respaldada por la solvencia del país, su gobierno y su banco central. ¿Quién respalda las criptomonedas? ¿El PIB mundial? ¿Nada? Su precio depende de lo que se piensa que puede valer un certificado de propiedad, de la oferta y la demanda de ese certificado y se ve muy afectado por la especulación y las emociones de miedo y codicia de los inversores. Por ello, es de alta volatilidad. La del bitcoin, nacido en 2009, supera en cuatro veces la bursátil, el activo de riesgo por excelencia. No extraña que haya muchos que crean que las criptomonedas son un paraíso para el especulador y una trampa para el incauto. Tienen muchos enemigos que vaticinan su colapso. Para otros, son el futuro. De momento la cotización del bitcoin se ha multiplicado por cuatro en un año.   

La inversión en los Non fungible token (NFTs)

A pesar de la prudencia que aconseja la CNMV y de los criterios de valoración que recomiendan los expertos, los NFTs son productos de inversión que arrasan en el mundo del arte y del coleccionismo. No se compra una obra sino solo el recibo de propiedad del original autentificado por blockchain. Este certificado puede ser negociado en el mundo real y en el emergente del metaverso.

El segundo, frecuente en algunos videojuegos, pretende clonar el mundo real para crear otra existencia virtual. Quizá los NFT, que de momento solo se pueden ver, se podrán tocar en el metaverso. Everydays, un collage de 13.000 imágenes obra de Beeple, lo vendió este año Christie’s por 69 millones de dólares. Su precio de salida fue de 100 dólares. Las zapatillas virtuales se venden ya a precio de oro y se registran marcas virtuales. El valor de un NFT se basa solo en lo que la gente piensa que puede valer. Hay quien avisa que los NFT almacenados en un servidor se mueven entre una burbuja especulativa y una pirámide de Ponzi. Para muchos, son un producto de inversión solo apto para especuladores y primos. Pero este no es su único riesgo ¿Qué pasa si desaparece el servidor que almacena el certificado de propiedad? Sorprendería que la SEC o la CNMV llegasen a considerar los NFT ni siquiera como productos muy complejos, pero todo es posible.

La acción meme se valora por su viralidad

Es de marca popular, pequeña y con problemas, pero viral en las redes y blogs. Las memes saltaron a la fama cuando Gamestop se disparó empujado por los comentarios en chats y redes sociales. La cotización meme se mueve más por los comentarios y rumores de las plataformas de inversores que por su desempeño empresarial. La acción meme tampoco se valora por los métodos clásicos de múltiplos o flujos. Ni por su negocio subyacente o la coyuntura. Más bien por opiniones (¿interesadas?) que la hacen subir rápida y efímeramente de precio. Subidas que apoyan las compras forzadas de los fondos pillados en posiciones cortas. Por ello, la volatilidad de la acción meme es muy elevada. En tres meses la cotización de Gamestop primero se triplicó y luego cayó un 88%. Incluso una de estas empresas meme desaconseja comprar sus acciones a menos que se acepte el riesgo de una pérdida cuantiosa. Otro producto de inversión con rentabilidad y volatilidad propias de la era digital.  

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Finanzas: invertir en una empresa sin actividad

Una Spac (special purpose acquisition company) carece de operaciones, pero cotiza en bolsa con el objetivo de captar fondos para comprar otra empresa o fusionarse con ella. Como la Spac ya cotiza, cuando se materializa la operación la empresa objetivo sustituye a la Spac. Así de fácil se entra en bolsa y se evita todo el costoso proceso de salir a cotizar. Esto hizo Virgin Galactic, dedicada al turismo espacial, en vez de recorrer el largo camino de una salida a bolsa convencional. La fórmula parece poco ortodoxa: el inversor aporta fondos sin conocer su destino final. Además, la empresa adquirida parece que se cuela en la bolsa, sin pasar por la debida evaluación preliminar de los analistas. Un riesgo añadido para el inversor Spac, aunque los reguladores parecen no verlas con malos ojos. 

De los manifiestos window dressing a la acción

Si el siglo pasado fue el del diseño del actual paradigma financiero y de los productos derivados para gestionar el riesgo, el presente parece ser el de la transformación digital y la sostenibilidad financiera. La primera lleva buen ritmo, pero la segunda aún está en la fase de las buenas intenciones. Las recomendaciones solas no bastan como se reconoce ahora que no bastó la anterior sobre la responsabilidad social corporativa. Si bien pretendía apoyar la sostenibilidad del planeta, no evitó que quedase aún más maltrecho.

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La data driven company y la tiranía del dato en finanzas

Data Driven

Un peligro que nos acecha es el data driven y la denominada tiranía del dato. Medir es consustancial al género humano quien trata de aplicarlo en todas sus actuaciones. También en la ciencia, la técnica, el comercio y… la empresa según Luis Pasteur una ciencia es tan madura como sus herramientas de medición. Pero a la vez, la primera cosa que sorprende de la información de finanzas es que uno recibe demasiada… y mucha de ella es irrelevante.

La intuición no basta para gestionar

Incluso, aunque se base en la experiencia y el conocimiento del experto. Supongamos, como planteó el matemático Saaty, que se ajusta un cinturón alrededor de un meridiano de la Tierra. Luego se alarga 10 metros de forma que, como si levitase, mantuviese la misma distancia con la superficie en todos sus puntos. Surgiría así una holgura entre el cinturón y cualquier punto del meridiano por la que podría pasar un ser vivo. Por intuición, apenas sería poco mayor que un microbio bebé. Pero según confirma un cálculo sencillo, hasta un ser humano adulto podría pasar erguido. La intuición de un experto es siempre relevante, pero puede fallar, lo que exige reforzarla con datos y medidas tangibles.

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La amenaza de la parálisis por el análisis

Hace muchos años se acuñó esta expresión para cuestionar el estudio excesivo de las decisiones porque conduce a la pasividad. En el libro ya clásico En busca de la excelencia se destaca el énfasis en la acción como un principio importante de la gestión empresarial. Ahora, con las nuevas herramientas digitales y el Big data se corre el peligro de que el exceso de análisis y búsqueda de patrones ralentice la acción en un entorno que cada vez exige más rapidez. Además, se puede disponer de muchos datos y de potentes instrumentos de cálculo y algoritmos, pero al final el analista solo cuenta con sus competencias para plantear los problemas.   

La empresa data driven

Incluso cabe la posibilidad de la empresa gobernada por el Big data, en la que las ideas y su contraste, la experiencia del gestor o su intuición queden sometidos al data driven. Pero prevenir sucesos extremos en la empresa como una caída fuerte del mercado, un crecimiento excesivo o un endeudamiento exagerado precisa más de reflexión que de análisis de datos. Seguro que prever el Covid-19 hubiese precisado más de reflexión que de Big data

Medir lo que se puede medir y hacer medible lo que no lo sea

Nos dijo Galileo. Desde hace tiempo se repite que el dato es el nuevo petróleo del siglo XXI. Que representa para la sociedad digital lo que ese hidrocarburo es para la economía industrial. Incluso se propone un nuevo puesto en la empresa: el CMO (chief measurement officer). Quizá porque los números cantan, surge con fuerza la figura del data scientist, encargado de extraer conocimiento del Big data para desvelar sus patrones de comportamiento.

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La obsesión por medir

Este fundamentalismo nace del deseo de certeza, del temor a lo abstracto frente a la seguridad del número y conduce a marginar lo que no se puede contar. Los datos no siempre son objetivos porque se sesgan en su captura y en su interpretación. Advertía Ramón y Cajal que había que poner …la misma diligencia en buscar los hechos contrarios a nuestra hipótesis que los que puedan favorecerla.

Es falso que solo lo que se puede medir se puede gestionar

Quizá tampoco sea cierto, como afirmaban los pitagóricos, que no exista lo que carece de número. No todo es data driven. Un ejemplo del afán por medir lo ofrece un autor de ficción: …para comprender la poesía y determinar la calidad del poema proponía anotar su perfección… en la línea horizontal de un gráfico y su importancia en la vertical. El área así formada por el poema mediría su valor. Medir ayuda mucho a gestionar, pero el sentido común, el talento, la iniciativa, la capacidad para decidir, el liderazgo, la sabiduría (no la erudición) son ejemplos de lo difícil que es intentar cuantificar todo. La alegría, el pensamiento y los favores no se pesan. Newton afirmaba que podía medir el movimiento de los cuerpos, pero no la estupidez humana. Por ello, es preciso combinar los números con las ideas. Razonar y gestionar precisa más voluntad y esfuerzo por comprender que hacer cálculos.

El peligro de los datos nace de sus limitaciones porque…

  • Favorecen gestionar solo lo que se mide y desatender lo que no se puede medir, es difícil de hacer o nunca se ha medido.
  • Pueden confundir porque el número tiende a ser relevante por sí mismo, por la tangibilidad que brinda y por su aparente precisión. Sin embargo, esa imagen de exactitud le puede otorgar un estatus indebido si no mide lo que se pretende o lo hace erróneamente. 
  • Se pueden manipular. Si se pretende dar una buena imagen de las finanzas de la empresa es posible resaltar los indicadores favorables y ocultar los adversos. 
  • Pueden provocar actuaciones erróneas. Por ejemplo, para lograr la puntualidad del servicio una empresa de autobuses puede no respetar el tiempo de descanso del conductor o forzarle a que vaya a una velocidad excesiva.
  • Envían a veces mensajes confusos. Que un competidor vaya mal puede deberse a sus problemas internos o a que todo el sector va mal. 

El Big data y la información que proporciona son muy valiosos, pero han de complementarse con la reflexión porque las situaciones en la empresa son complejas y raramente se expresan solo con números. Menos aún, se resuelven por cálculo, como un ejercicio de solución única. Además, los datos y los algoritmos que alimentan pueden provocar decisiones tajantes e incluso inhumanas.

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Dr. Juan Pérez-Carballo
Director del Máster en Finanzas de Next IBS, acreditado por la Comisión Nacional del
Mercado de Valores español.
Director del Curso de Control de Gestión para el acceso al Registro de business
controllers acreditados por el Colegio de Economistas de Madrid.

Con estos tipos de interés ¿Qué hacemos con los excedentes de tesorería?

Tesorería financiera

El excedente de tesorería es el sobrante de efectivo sobre las necesidades del plan de la empresa. La caja que se puede invertir fuera de la actividad. Puede ser permanente o coyuntural. El primero supone un exceso estructural y su inversión es una decisión del órgano de administración. El coyuntural es la conocida punta de tesorería que compete invertir al tesorero conforme a las políticas de la empresa.

La tesorería y la importancia de evitar las pérdidas

Con una pérdida en el año del 30%, un capital de 100 se reduce a 70. Si la tasa de mercado es del 2% se debería haber obtenido 102. Para recuperar este capital se precisa ganar un 48,6% el siguiente año. Si la pérdida hubiese sido del 50%, para recuperarla junto con la tasa de mercado, el nuevo rendimiento debería ser del 108,1%. El álgebra habla claro: la inversión (también en la tesorería) no admite pérdidas significativas porque son difíciles de recuperar.

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Lo que hace la gestión de tesorería prudente: para muestra un botón

Una petrolera mantiene los recursos en efectivo y depósitos a plazo con disponibilidad inmediata. Una operadora coloca sus excedentes en el mercado monetario de alta calidad crediticia. Una eléctrica mantiene los excedentes en efectivo y en depósitos a menos de tres meses. Una aseguradora invierte principalmente en renta fija de gobiernos y corporativa, inmuebles (poco), renta variable (poco) y fondos de inversión (muy poco, pero lo que más crece). Con los tipos de interés bajo cero, el rendimiento que obtienen es ridículo. Por algo dicen que ahora los bancos no quieren dinero ni gratis. 

¿Y Amazon?

Sus excedentes han crecido en 2021 un 61% hasta más de $ 73 mil millones. El 76% lo invierte a menos de un año y el 37% del total, en fondos monetarios con un rendimiento negativo de -0,16%. Su rendimiento medio es del 0,48%. Como su deuda financiera (incluidos los leasings) es de casi $ 85 mil millones, podría usar sus excedentes para reducirla y mejorar su resultado financiero en casi 1.500 millones (supuesto un margen financiero de 200 pb). Pero no lo hace.

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Los objetivos en la tesorería

Primero preservar el valor de los excedentes y la liquidez; después, la rentabilidad. Por este orden. Las grandes empresas no se la juegan y aceptan los exiguos rendimientos actuales, incluso negativos, de los activos más seguros. Esto confirma que lo prioritario de la tesorería es gestionar el riesgo y prestar servicio a las operaciones. Es un centro de gestión del riesgo y de servicio. Luego viene lo de ser un centro de beneficios. Los criterios de liquidez y servicio dominan sobre el del beneficio.

El risk man y el índice del miedo

El riesgo rige, por tanto, la actuación del tesorero. Nada de especular pero sí de estar atento al riesgo de mercado. Medirlo es difícil y más, anticiparlo. El índice de volatilidad VIX ayuda a seguirlo. Si el mercado bursátil es bajista, para cubrir las carteras se venden opciones call y se compran opciones put. Cuando los inversores son optimistas, compran calls y venden puts. La relación entre el volumen de unas y otras desvelan el sentimiento del mercado. Por debajo de un VIX de 10 el mercado está confiado. Por encima de 30 empiezan los nervios. Como la tesorería no invierte en bolsa, puede usar el índice MOVE, réplica del VIX en el mercado de la renta fija. Éste se calcula a partir de las opciones de la deuda del Tesoro estadounidense. Por debajo de 80, tranquilidad; por encima de 120 aparece el miedo a la pérdida. 

Dr. Juan Pérez-Carballo
Director del Máster en Dirección Financiera de Next IBS
Director del curso de Control de Gestión del Colegio de Economistas de Madrid
Socio de Converthia, expertos en finanzas y control de gestión

De las finanzas climáticas a las finanzas sostenibles

Finanzas Sostenibles

El triunfo de los criterios ASG: ambientales, sociales y de gobierno corporativo

Se veía venir a pesar de la resistencia de décadas y aunque quede algún negacionista. Al fin el consenso es amplio porque han saltado las alarmas. Ya se puede decir: la actividad económica debe satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas. Las finanzas sostenibles van de asegurar eso, el bienestar colectivo de ahora y el respeto al futuro. Afortunadamente son muchos los organismos internacionales que adoptan las siglas ASG y se suman a un sueño que viene de lejos. Desde la ONU a la Comisión Europea reavivan el informe del Club de Roma de 1972, las reivindicaciones universitarias de esa década, el acuerdo de Kioto de 1997 o los Principios de Ecuador de 2003. 

Fue en 2015 cuando se produjeron dos hitos clave: la Agenda 2030 con sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el Acuerdo de París para poner coto al aumento de la temperatura mundial. Llegan tarde, pero a tiempo.

Como siempre, la realidad es tozuda y entra por la ventana cuando le cierran la puerta. El triunfo ASG ha sido posible porque muchas voces lo venían reclamando y porque se evidencia el deterioro medioambiental y las desigualdades. También, porque se atisban grandes oportunidades de negocio para ejecutar y financiar los grandes planes.

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El riesgo climático y la desigualdad son riesgos financieros

De nuevo la realidad y la ciencia se imponen. El riesgo sistémico avisa y exige afrontar con transparencia los peligros que esconden las siglas ASG y sus efectos. Para paliarlos se ha acordado actuar en una triple dimensión: la medioambiental, la social y la de gobernanza.   

El Global Risks Report del Foro Económico Mundial viene avisando desde 2006 que la actividad empresarial está muy amenazada por las fracturas sociales. También avisó del riesgo de una pandemia y predijo su efecto devastador sobre las cadenas de suministro, la industria, el comercio y el turismo. Su informe de 2021 advierte de la creciente fragmentación social derivada de los riesgos para la salud, el aumento del desempleo, la ampliación de la brecha digital y la frustración de los jóvenes. Esta fragmentación puede tener graves consecuencias en una era de riesgos económicos, ambientales, geopolíticos y tecnológicos que se agravan al converger.   

El papel de la empresa privada en evitar la tragedia en el horizonte

También la iniciativa privada se sube al carro ASG. No solo por ser consciente del peligro en ciernes, sino también porque anticipa la creciente normativa y regulación que vendrá de lo público. Además, por las oportunidades que brinda el movimiento ASG. Se estima multibillonaria la Inversión Socialmente Responsable (ISR) necesaria para recomponer un mundo muy degradado climática y socialmente

Esta ISR prima los criterios ASG en la evaluación y selección de los proyectos y desarrolla la taxonomía de las actividades consideradas como verdes. Algunos sectores concentran estas inversiones como la sanidad, las energías renovables, las infraestructuras, la transformación digital y la agricultura. Por ello, las finanzas sostenibles irrumpen en las agendas estratégicas de las empresas. Pasan a prioritarias las inversiones verdes, las que han de mitigar el cambio climático, promover el uso eficaz del agua y de los recursos marinos, contribuir a la economía circular y prevenir la polución

De la banca ética de los años 60 a la banca responsable

Esas ingentes inversiones no pueden financiarse solo con fondos públicos. Se estima que cumplir las 169 metas de los 17 ODS exigirá una financiación anual equivalente al 3% del PIB mundial. Como el coste de no actuar se estima aún mayor, es preciso la contribución de las entidades financieras como asesoras, inversoras y financiadoras para cambiar el tejido productivo con criterios ASG. 

Nacen nuevas oportunidades y nuevos productos que encuentran acomodo en la médula de las estrategias de esas entidades. Los bonos se colorean de verde, para mejorar el medio ambiente, o de azul para sanear la vida oceánica. Surgen otros sociales, destinados a la enseñanza, la sanidad, la vivienda o a mitigar la pobreza. También los hay de género para fomentar la equidad y el empoderamiento de la mujer y de transición, para las empresas marrones que desean transformarse en sostenibles. No extraña que la emisión de deuda sostenible haya crecido exponencialmente durante la última década.

En 1999 nació el índice Dow Jones de Sostenibilidad para medir la de las empresas. Entre las 307 más aventajadas del mundo la edición de 2020 de este índice incluye 16 españolas. El 25% son bancos y todas del Ibex-35. Los estudios prueban que las más sostenibles son menos volátiles porque gestionan mejor sus riesgos al ser más conscientes de ellos y estar más preparadas para enfrentar sus efectos. Además, suelen ser más rentables como lo atestigua que el rendimiento del índice MSCI ISR supere al de referencia. 

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Una nueva gobernanza y la urgencia de una nueva agenda

Tras muchos años de proclamar que las decisiones se han de tomar solo con el criterio de crear valor para el accionista ahora surge el capitalismo de los partícipes. Dice que lo importante es crear riqueza y distribuirla equitativamente para no dejar a nadie atrás. No se trata solo de buscar el bienestar de los accionistas, sino el de todos los grupos de interés de la empresa sin que ésta pierda competitividad. 

Temas clave del buen gobierno son el comportamiento del equipo directivo, el activismo de los accionistas, la separación de poderes, las relaciones con los empleados y la retribución de los directivos, quienes deben dar ejemplo para ser creíbles. Los Códigos de Buen Gobierno, de ya larga tradición, y la autorregulación no parecen instrumentos suficientes para solventarlos adecuadamente. Al menos, no lo han sido hasta ahora.

También se precisan nuevas métricas para definir objetivos y controlar el avance de los criterios ASG. Las empresas de interés público o las que superen un determinado tamaño deben preparar un estado de información no financiera que contenga información relativa, por lo menos, a cuestiones medioambientales y sociales, así como relativas al personal, al respeto de los derechos humanos y a la lucha contra la corrupción y el soborno (Ley 11/2018).

Corresponde a los órganos rectores de las empresas integrar los criterios ASG en su agenda estratégica y en su mapa de riesgos. En palabras del Código de Buen Gobierno de la CNMV: La sociedad promoverá una política adecuada de sostenibilidad en materias medioambientales y sociales, como facultad indelegable del consejo de administración, ofreciendo de forma transparente información suficiente sobre su desarrollo, aplicación y resultados.

Esto no va de construir castillos en el aire

Antes de eclosionar el Covid-19, la reunión anual del Foro Económico Mundial reconoció que el progreso en muchas áreas ASG está siendo muy lento. Muchas adhesiones, planes y agendas para fomentar la sostenibilidad, pero parece que pocas nueces de momento. Las trabas burocráticas, el riesgo, la volatilidad de los tipos de cambio y la gran dimensión de los proyectos disuaden a veces al posible promotor. Hay que superar, se dice, las inercias creadas durante años por una economía de mercado desenfocada. 

El origen de los problemas se asocia con la desigualdad fomentada por la globalización, la falta de regulación y las deficiencias del capitalismo de los últimos años. En la última reunión de Davos el fundador de este Foro afirmaba que esta forma de capitalismo ya no es sostenible.   

De aquí surge la propuesta de crecimiento económico inclusivo, el que progresa sin dejar nadie atrás y dando igualdad de oportunidades. Otro viejo sueño solidario que se junta con la buena noticia de que America is back

No se trata (solo) de emitir informes de sostenibilidad con centenares de páginas ni de nombrar una comisión o un responsable. El objetivo es promover la inversión pública y privada en actividades y proyectos más neutrales para el clima. También, lo es ir a una economía más justa, saludable y eficiente en el uso de los recursos. Pero todavía hay recelos ante tan bellas palabras. ¿Va en serio? A veces quien más promete menos cumple.

No se oye hablar de erradicar los paraísos fiscales, se rechaza la armonización fiscal incluso dentro de un mismo país, se anuncian despidos a millares a la vez que se incrementan los salarios directivos, las salidas de las crisis aumentan la brecha social o se imputa por presuntos delitos de gobernanza a dirigentes empresariales supuestos paladines del movimiento ASG. Tampoco encajan con estos criterios las enormes retribuciones que se asignan algunos directivos, que alcanzan los 30.000 euros al día incluidos los festivos. Menos, en tiempos de pandemia y de carencias.

No será una moda pasajera porque estamos en el buen camino

La demanda social exige una intervención rápida de las entidades públicas internacionales. Ya el Parlamento del Reino Unido declaró la emergencia climática en 2019. El rinoceronte gris del cambio climático y la desigualdad social sigue su amenazante carrera. A diferencia del cisne negro, se le ve acercar desde hace mucho, dispuesto a aplastar a todos, no solo a quienes lo ignoran. Por eso y por su envergadura se precisa, como con el Covid-19, la acción cooperativa mundial para frenarlo y evitar que se materialice la tragedia que se vislumbra en el horizonte.

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Autor: Juan Pérez-Carballo
Director del Máster en Dirección financiera de Next IBS
Acreditado por la CNMV de España – Invertimos en calidad

¿Cómo invertir en tiempos de crisis?

Cómo invertir en tiempos de crisis

Covid-19 explica el aumento de la tasa de ahorro de las familias por la caída del consumo.

Parte del ahorro (la de bienes duraderos) se consumirá cuando se arregle la situación, pero de momento eleva esa tasa a niveles no vistos desde 2004 (epdata).

Sin embargo, no todo el mundo ahorra porque en España la desigualdad económica es alta. La tasa de pobreza en España es la séptima más alta de Europa (abc.es). Además, la desigualdad aumenta en las crisis. Sucedió en la pasada y parece que se repite ahora.

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En cualquier caso…

¿Es viable invertir en tiempos de Covid-19?

Una posibilidad es pasar de ahorrador a especulador, que es quien gana en estas ocasiones. ¡Cuanto peor, mayor es la oportunidad! se dice. El ahorrador pretende un rendimiento razonable y sostenido. El especulador apuesta por su habilidad para interpretar los sentimientos ajenos y anticiparse a sus comportamientos. Esa posibilidad de cambio no es solución para la mayoría de los ahorradores que no quieren pasar de inversores a víctimas.

Al ahorrador no le queda otra que invertir si no quiere ver sus ahorros comidos por la inflación. Pero el tipo de interés está secuestrado desde hace mucho por debajo de cero y tardará en recuperar niveles razonables. Esto penaliza al ahorrador, acostumbrado a ganar el 3-5% de interés. Ahora duda entre no ganar nada o aceptar mayor riesgo y tener que seguir el sentimiento del mercado mediante el indicador VIX, llamado del miedo, o algún otro.

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Tiene distintas alternativas, entre las más sencillas de instrumentar, los planes de pensiones, la bolsa, una multitud de fondos de inversión y la inmobiliaria. Cada una con sus características de costes, plazos, volatilidades, riesgos y fiscalidad que debe ponderar. También, de flexibilidad. Pasar de un fondo de inversión a otro puede llevar una semana. Cambiarse de gestora, bastante más. ¡En la era digital!

Cualesquiera que sean los instrumentos escogidos siempre es aconsejable: diversificar en todo, comprar activos de calidad y con liquidez, invertir gradualmente y solo en productos que se comprendan, limitar el riesgo, no dejar dormida la cartera ni rotarla demasiado para evitar comisiones, elegir opciones de gastos reducidos, no pretender ganar el último duro y no fiarse de recomendaciones interesadas. También lo es, evitar el pánico en las crisis porque el mercado siempre se recupera, aunque a veces lo haga demasiado tarde.

Y tú, ¿qué opinas? ¿Estarías dispuesto a invertir tu dinero? Te leemos en los comentarios.

A mal tiempo, emprendimiento

La estrategia empresarial es el primer paso que debe dar el emprendedor

La crisis económica que se avecina anuncia la vuelta del emprendimiento. Ha sucedido en otras ocasiones porque emprender surge del avance tecnológico, pero también de la necesidad.

Buena parte de las 30 empresas del Dow Jones se crearon en recesiones. Fue el caso de Apple, IBM, Microsoft o Disney. En la pasada crisis arrancaron empresas como WhatsApp, Instagram, Uber o Airbnb. También en España floreció el emprendimiento durante las sucesivas crisis iniciadas en 2007. Las dificultades y los cambios ofrecen oportunidades a quien tiene actitud emprendedora.

Pero el emprendimiento exige un clima empresarial adecuado para no dilapidar esfuerzos en trabas, permisos, gestiones y vuelva usted mañana.

El estudio anual del Banco Mundial de 2020 evalúa la facilidad para hacer negocios en 190 países. Para hacer el ranking el estudio considera la facilidad para iniciar un negocio, gestionar permisos de construcción, contratar electricidad, registrar propiedades, obtener crédito, proteger a los inversores minoritarios, la fiscalidad, realizar actividades de comercio exterior, hacer que se cumplan los contratos y resolver los impagados. En este ranking mundial España ocupa la posición 30, entre Japón y China.

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Las primeras plazas son para Nueva Zelanda, Singapur, Hong Kong, Dinamarca, la República de Korea y Estados Unidos. Por detrás de España quedan Gran Bretaña, Portugal, Italia y Grecia.
El estudio ofrece también el ranking de la facilidad para iniciar un negocio. Ahí España empeora bastante al descender al puesto 97 de los 190 países. Para situarnos, el valor del PIB español es el número 13 y en renta per cápita andamos por la posición 33.

Cuando hay facilidad para hacer negocios, pero no tanta para iniciarlos, los nuevos proyectos tienden a promoverlos las grandes empresas. Ahora eso no basta. Dice el Banco Mundial que el estudio ha de servir a los países para diseñar sus políticas empresariales. Urge hacerlo para estimular el emprendimiento.

Juan Pérez-Carballo
Director del Máster en Dirección Financiera de Next IBS

Las nuevas métricas digitales llegan al Máster en Finanzas de Next IBS

La métrica digital en el Máster en Finanzas de Next IBS

Juan Pérez-Carballo, director del Máster en Dirección Financiera de Next IBS, repasa los indicadores digitales que se utilizan en el ámbito financiero actualmente, a los que también se da protagonismo en el máster en finanzas que dirige.

Bastantes de las nuevas métricas -incluso sus acrónimos- se usaban antes de su actual protagonismo. El CHURN es la clásica tasa de pérdida de clientes, inversa de la tasa de fidelidad. El ARPU equivale en la industria hotelera al RevPar (ingreso medio por habitación disponible) que con el ADR (precio medio por habitación ocupada) y la tasa de ocupación (las habitaciones ocupadas sobre las disponibles) componen la ecuación clave del sector (RevPar = ADR x ocupación). Máster en Finanzas

Pero las nuevas industrias también exigen métricas nuevas, como el DAU (los usuarios activos diarios) y el MAU (los usuarios mensuales) de las redes sociales y los juegos digitales. La relación DAU/MAU estima los usuarios que interactúan en un día. Si el DAU es 600 y el MAU 300 como media cada usuario se conecta dos veces al día. Estos indicadores son métricas clave de Facebook.

Ahora, con la nueva tecnología digital, los indicadores se calculan con mayor fiabilidad y rapidez que antes. Es el caso del CAC (el coste de adquirir un cliente) y el LTV (el valor del cliente). Además, son de captura, almacenamiento, acceso y análisis más fácil, mediante las técnicas del Big Data y el Business Intelligence, y componen nuevos modelos de negocio para contrastar sus hipótesis y evaluar las decisiones en tiempo real. La mayor disponibilidad y el mejor tratamiento de las métricas permiten extraer más valor de los datos para comprender de qué dependen y mejorarlos.

La importancia de estos indicadores operativos es que forman parte esencial de la actividad de la empresa, son gestionables y su comportamiento explica anticipadamente los resultados financieros. Por eso han de estudiarse en cualquier Máster en Finanzas y el director financiero ha de añadirlos a su cuadro de mando, junto con los financieros.

Juan Pérez-Carballo

Director del Máster en Dirección Financiera de Next IBS

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El Máster en Finanzas que puede salvar al próximo Thomas Cook

Un máster en finanzas puede evitar que tu empresa sea el próximo thomas cook

El final fue rápido. El 31 de marzo de 2019 el Grupo Thomas Cook declara pérdidas de mitad de ejercicio de 1.386 millones de libras de los cuales 1.104 corresponden a su inversión fallida de 2007 en MyTravel. El 12 de julio el Grupo anuncia que las negociaciones con los principales accionistas y bancos están muy avanzadas para recapitalizar la empresa. Espera una inyección de 750 millones de libras para reorganizarse. El 20 de septiembre las conversaciones van aún a buen ritmo, pero el 23 de ese mes se rompen y el Grupo insta su liquidación inmediata y deja de cotizar en el mercado londinense.

El Grupo Thomas Cook, inventor del paquete de vacaciones, tenía 178 años de historia. Se fundó en 1841 cuando en España se producía el fallido pronunciamiento conservador de una Borbón contra Espartero. En la actualidad operaba tres negocios con 21.000 empleados: el de viajes, con más de 20 millones de clientes al año, la compañía aérea, con unos 100 aviones, y el hotelero con casi 200 establecimientos gestionados con su marca y 555 tiendas. Las ventas superaban los 9.000 millones de libras. Un imperio de 2.000 millones de valor en bolsa apenas hace año y medio que cae por los pies de barro.

El éxito o el fracaso empresarial se dirime en los mercados de productos y servicios y así ha sucedido también con Thomas Cook. Su modelo de negocio analógico quedó obsoleto en un mundo ya digital. Su red de 500 agencias tradicionales sucumbió al efecto del Brexit sobre el gasto en turismo de los británicos y al acoso de las agencias online que con costes menores ganan cuota y reducen el margen. Ya la memoria del 2017 reconocía que la estrategia no daba resultados financieros, aunque el Consejo confiaba aún en su estrategia de crecimiento financiado con deuda.

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Pero el fracaso al final es financiero. El default del Grupo se declara en cuanto se aborta el plan de recapitalización y es imposible atender el servicio de la deuda, que se ha disparado hasta los 1.900 millones. Se tuvo la posibilidad de vender la aerolínea y su negocio hotelero, pero en septiembre de 2019 ya es tarde para salvar al turoperador.

El deterioro del mercado, el crecimiento, la deuda y alguna partida oculta que aflora, así como los elevados dividendos y los salarios de los dirigentes forman una mezcla explosiva que el financiero debe evitar a tiempo. Instrumentos tiene para identificarla y cada vez son más precisos. Un buen Máster en Finanzas enseña que una buena estrategia debe dar resultados satisfactorios y cómo el financiero contribuye al progreso y buena salud de la empresa.

Juan Pérez-Carballo

Director del Máster en Dirección Financiera de Next IBS

El futuro del tesorero llega de la mano digital

¿Qué es la dirección financiera?

Los tres objetivos del tesorero: dar servicio a las operaciones de la empresa, controlar su riesgo e incurrir en los menores costes de financiación y gestión.

 

Se agradece cuando una lectura ayuda a pensar y generar ideas. A contrastar el criterio propio con el del autor para confirmar o cambiar planteamientos y animar a la acción. Esa lectura solitaria, a veces revive experiencias  – aprender es muchas veces recordar – y otras abre nuevas perspectivas. La encuesta Digital Treasury de PwC (2019) creo que ofrece al tesorero algo de eso. Su lectura suscita ideas que combinan planteamientos de siempre con nuevas aportaciones, pero sin que lo que aquí se expone responda necesariamente al contenido de dicha encuesta.

Los tres principales objetivos tesoreros son dar servicio a las operaciones de la empresa, controlar su riesgo e incurrir en los menores costes de financiación y gestión compatibles con los dos primeros objetivos. Pero el servicio y el riesgo dominan sobre los costes. Aunque se califique a la tesorería como un centro de beneficios, su contribución directa al resultado, siendo importante, queda relegada por su contribución indirecta mediante el servicio y el control del riesgo. La obsesión por optimizar el beneficio a corto plazo degrada la calidad del servicio, incita a especular y a ser cicatero con la liquidez porque cuesta financiarla. La tesorería no es un centro de coste, se afirma – tampoco de beneficio -, es un centro de servicio que debe alinearse con la estrategia de la empresa.

La primera competencia de un tesorero es que sea experto en tesorería. La encuesta añade las de aportar un pensamiento estratégico, ser un socio de los responsables operativos y mostrar una decidida afinidad tecnológica. En especial, con el data analytics, para mejorar las decisiones e identificar exposiciones, y la robótica de procesos (RPA), para la automatización de tareas repetitivas y en especial los pagos. La tecnología ofrece medios potentes para resolver problemas de siempre.

Los temas clave del tesorero parecen no haber cambiado: la previsión de tesorería, la financiación, la gestión del riesgo, la estructura financiera y la gestión del circulante. La encuesta insiste con razón en la tecnología y la innovación financiera. Recordemos lo que supuso la llegada de la informática o los ERPs. Queda claro que el tesorero debe esforzarse en aprender tecnología aunque la encuesta confirma el gran uso que hace aún de la hoja de cálculo.

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Parece que el tesorero da poca importancia a la ciberseguridad, a pesar de que más del 40% declara sufrir intentos de fraude en el sistema de pagos al menos una vez al mes y solo un 15% declara no haber recibido ninguno.

Según la encuesta los principales criterios para elegir un banco son que financie la empresa a largo plazo, que tenga capacidad para ayudar a la empresa, sus costes y la historia de la relación. Como esta relación influye mucho es habitual mantener relaciones por inercia y que el pool bancario tienda a crecer: entran nuevos bancos sin dar de baja a otros. La encuesta confirma lo poco que se revisa la relación con los bancos. Como hasta casi un 40% confiesa no hacerlo nunca, cabe recordar lo importante que es luchar contra la rutina.

Al seleccionar al tesorero se nos dice que se valora primero la experiencia y la formación en finanzas. Correcto, pero la entrevista personal siempre es definitiva. La encuesta confirma la poca transparencia en la información de los costes bancarios y quizá quepa añadir, la escasa dedicación de la empresa a revisarlas. Otra recomendación destacable es que el tesorero salga más del despacho para esforzase en comprender las necesidades tesoreras y los riesgos de las operaciones. Por último, que preste más atención a la problemática fiscal, aunque no le guste el tema.

Al leer la encuesta hay que considerar que recoge las respuestas de grandes compañías de 37 países, con una media de 11 dígitos de cifra de ventas.

Juan Pérez-Carballo

Director del Máster en Dirección Financiera de Next IBS

Madrid, 16 de julio de 2019